martes, 24 de marzo de 2009

Negrito Floreal Avellaneda


Hace tres días comenzó el juicio oral contra el General Santiago Omar Riveros, comandante de Institutos Militares en Campo de Mayo, uno de los jefes máximos de la dictadura, integrante de la Junta Interamericana de Defensa (Organismo militar creado en 1942, que respondió a las necesidades de defensa de EE.UU. durante la guerra fría), los oficiales Raúl Horacio Harsich y César Amadeo Fragni, el director de la escuela de infantería Osvaldo Jorge García y Alberto Angel Aneto de la comisaría de Villa Martelli, todos ellos culpables (el veredicto corre por mi cuenta) del secuestro, desaparición, tormento y asesinato del “Negrito” Floreal Avellaneda, militante de la Juventud Comunista, secuestrado por el Ejército Argentino el 15 de abril de 1976, en su hogar, junto a su madre Iris Pereyra, y del que logró escapar su padre, afiliado al Partido Comunista como Iris, y delegado de la metalúrgica Tensa.
Cuando en febrero de este año empezamos a elaborar la idea de Diario de un día, les dije a los compañeros que escribiría sobre El Negrito, una imagen y un dolor que me acompañan desde hace 33 años, y comenté que entrevistaría a la madre, al padre, a los amigos, a los camaradas de Floreal.
Ahora, cuando comienzo a juntar recortes, recuperar recuerdos y revivir sensaciones para escribir esta nota, caigo en la cuenta de que su mamá, Iris, tiene 70 años y que, como su hijo, pasó por la experiencia del secuestro y la tortura, y decido que no, que no los buscaré ni a ella ni a nadie, no los veré, no intentaré hablar con ellos. No despertaré más dolor, si esto llegara a ser posible, buscando una palabra, un gesto, que aporten dramatismo innecesario a una nota sobre la muerte de un joven de 15 años de edad, cuyo cuerpo apareció en las costas uruguayas.
No me moveré, no iré a ninguna parte a ver a nadie, porque aunque no logre expresarlo en estas palabras, aunque sea imposible, sólo quisiera transmitir eso, la inmovilidad, el desamparo, la indefensión, de un joven de 15 años, amenazado, golpeado, atado, torturado. Quisiera poder escribir el tormento y la muerte de Floreal como lo que son, como algo que lo trasciende, algo por lo que pasaron, y pueden llegar a pasar, nuestros hijos, los míos, los jóvenes, cualquier joven. No soplaré sobre el rescoldo del sufrimiento porque si en nuestra justicia venal, esclava siempre del poder, no se juzga a nadie dos veces por el mismo crimen yo no expondré a nadie a pasar dos veces por el mismo dolor, por la misma impotencia, aunque sepa que ya han transitado por allí, que ya han franqueado ese vado de congojas cientos de veces durante estos treinta y tres años privados de justicia. Aunque sepa que otros, como los familiares, compañeros y amigos de Julio López, secuestrado el 17 de septiembre de 2006, bajo la presidencia de Néstor Kirchner, siendo su Ministro del Interior Aníbal Fernández, hoy Ministro de Justicia, fueron salvajemente, inhumanamente, sometidos a bañarse dos veces en el agua del mismo río, como si el tiempo hubiera dejado de transcurrir y viviéramos siempre en un presente imperfecto, interminable.
“…incluyendo el chico de 15 años Floreal Avellaneda, atado de pies y manos, con lastimaduras en la región anal y fracturas visibles.”, escribió Rodolfo Walsh en su Carta Abierta a la Junta Militar, que distribuía, aún a la prensa cómplice que no la publicó, el día de su enfrentamiento y muerte, también hurgando en un dolor propio y mayúsculo, en una bronca suprema.
Las fuerzas represivas de entonces, las de hoy, y las de siempre, se ensañan y ensañarán con los jóvenes, asesinan y asesinarán a los jóvenes, como asesinaron a Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, el 26 de julio de 2002, cuando Eduardo Duhalde era Presidente de la Nación y Jorge Matzkin su Ministro del Interior, porque la forma de sobrevivencia de este sistema, se basa en el sostenimiento a ultranza del sentido común, de nuestro sentido común, se basa en la repetición neurótica y obsesiva, donde la creatividad, la energía, la novedad, la fuerza, la ingenuidad, la potencia, la sensualidad, la entrega, la belleza de lo joven, así se trate de cuerpos o ideas, es la verdadera amenaza contra las bases de la sociedad que les hemos permitido malformar a los políticos, a esos que votamos repetida, neurótica, obsesivamente, la que permitimos construyeran sobre sangre inocente, la que al derramarse lava, para los perversos de siempre, todos y cada uno sus pecados, la que al vertirse tiñe también nuestra incapacidad para alumbrar un futuro, una sociedad distinta.

Claudio L. Pérez

No hay comentarios:

Publicar un comentario